LA MAGIA DE SALENTO

El corazón de la zona cafetera – literal – eso es Salento, pues está ubicado entre Armenia, Manizales y Pereira, así que para los amantes del café – como yo – es el lugar perfecto para visitar.

Son muchas las razones que hacen que nuestro café sea tan apetecido en el extranjero. Aprovecho para decir que entre las cosas que tanto me preguntan sobre Colombia en Nueva York, aparte de Pablo Escobar, la cocaína, los carteles y la violencia (para este tema dedicare otro post), me preguntan y alagan mucho por este producto. Personalmente pienso que lo que lo hace tan especial es todo el proceso artesanal y natural que hay detrás. Hoy Colombia ocupa el cuarto lugar en el mundo en exportación de café, después de Brasil, Vietnam e Indonesia.

Lo primero que debo decir de Salento es que por favor no vayan de afán. Ese fue nuestro error. Salimos de Buga (en el departamento del Valle) a las 11 de la mañana y llegamos alrededor de las 3 de la tarde, así que sólo teníamos tres horas para recorrerlo porque no habíamos reservado en ningún lugar para quedarnos y además al día siguiente nos esperaba otro destino. [Esta fue dicho destino: San Cripriano, viajamos a la hermosa selva tropical].

La carretera zigzag entre las montañas y las múltiples paradas en el camino para disfrutar dulces colombianos hacen el viaje más atractivo. Al llegar al pueblo nos encontramos con antiguas casas de arquitectura colonial, con fachadas muy coloridas, flores en cada uno de los balcones, calles empedradas, artesanías por doquier y restaurantes donde los platos principales son la trucha y la típica bandeja paisa.

Recorriendo las calles escuchamos diversos idiomas, pues el pequeño pueblo es un reconocido destino turístico. En la Plaza de principal, luego de haber dejado el carro parqueado en una de las empinadas calles, encontramos varios jeeps willys, vehículos apropiados para esta agreste geografía y que antes movilizaban los productos de las cosechas de fincas como café, racimos de plátano, naranja, yuca, arracacha, maíz, etc., desde las fincas hasta el parque, y que hoy son los encargados de transportar a los visitantes hasta el Valle del Cocora, el hogar de La Palma de Cera, nuestro árbol nacional que mide más de 60 metros y reina en todo el lugar.

Las palmas sobresalen majestuosamente sobre un bosque de niebla. Al mirar hacia arriba el contraste entre el verde de sus hojas y el azul del cielo es encantador. “Un bosque por encima de un bosque” así las describió Alexander von Humbolt cuando las descubrió. Orgullosamente el Quindio es el hogar de las palmas más altas del mundo.

Estar en medio de las imponentes palmas es sentirse diminuto, verlas despertó en mí esas ganas de mantener la conciencia ambiental, de preservar éste pulmón de la tierra, de enamorarme más de mi país y de hablarle – más – a todos mis amigos (no sólo a los extranjeros) sobre las bellezas de Colombia. Josh, que es más americano que el perro caliente, dijo que jamás había estado en un lugar donde se sintiera tan tranquilo, parecía un niño tomándole fotos a lo que para él era nuevo (prácticamente todo).

Bajamos del Valle del Cocora las 6 de la tarde, a esa hora se devuelve el último jeep.

IMPORTANTE: El pasaje cuesta 2.900 pesos cada trayecto por persona.

Antes de dejar el pueblo nos tomamos un café que nos mantuviera despiertos todo el camino de regreso – Sólo a Daniela le funcionó la fórmula -.

¿Qué nos faltó hacer? (Ustedes por favor no dejen de hacerlo)

  • En el parque central hay personas que organizan excursiones a las fincas cafeteras donde pueden ver todo el proceso del café.
  • Intenten hacer el recorrido en el Valle del Cócora en caballo, podría ser interesante.
  • Vean el atardecer en el mirador.
  • Comerse una trucha o una bandeja paisa frente a semejante vista.

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