CALIFORNIA, A VER SI NOS VOLVEMOS A ENCONTRAR (PARTE 2)

Antes de salir de Los Ángeles la tía Fanny nos transportó por unos minutos a nuestro país natal con un magnífico desayuno colombiano: huevos, croissant, pandebono, mazamorra y café. Además, nos empacó dos tamales que más adelante fueron el fiambre perfecto del día.

Salimos de L.A. a las 10 de la mañana. La Ruta 1 (Pacific Coast Highway) va pegada al océano pacífico durante todo el trayecto. Tengo que confesar que no le tenía mucha fe al recorrido, pero la carretera me sorprendió, es uno de los trayectos más encantadores que he visto en mi vida, el contraste del cielo, el océano y el verde de las montañas es imperdible. Aunque ésta es la ruta más larga y antigua para viajar de Los Ángeles a San Francisco – o viceversa – es la más bonita, son alrededor de 800 kilómetros.

Primera parada: SANTA BÁRBARA, un lugar al que me mudaría sin pensarlo dos veces. El clima es perfecto todo el tiempo: caliente, pero windy. Caminamos desde lo que creo era el downtown hasta el muelle, pasando por un mercado campesino en una calle peatonalizada. El ambiente era muy parecido a Pomerade Street en Los Ángeles.

Segunda parada: SLOVANG, un pequeño pueblo que fue creado por una comunidad de emigrantes procedentes de Dinamarca alrededor del Siglo XX. Llegar ahí es como tele transportarse a Europa. Es un pueblo pintoresco, con los típicos molinos de viento, muchas artesanías, vinos, chocolates y por supuesto panaderías, – donde comí el hojaldre más dulce de mi vida -.

Tercera parada: PISMO BEACH, ahí llegamos de noche. El pueblo se veía un poco creepy, no había una sola persona en la calle y menos iluminación. Parecía típica escena de película de terror. Al día siguiente el ambiente era completamente distinto: extranjeros por doquier, tiendas, lugares para rentar motos y muchos de esos enormes carros donde la gente vive (y es feliz, muy feliz). Dato relevante de lo que pasó en Pismo beach: ¿adivinen quién salió a trotar muy temprano? sí, salí a trotar (no tengo pruebas)

RECOMENDACIÓN EN PISMO BEACH: Buggies en dunas de arena. Estos pequeños carros, hechos a base de hierro, adquieren bastante velocidad y parecen volar atravesando las dunas. La sensación es difícil de describir; sentí mucha adrenalina y terminé con un dolor de espalda terrible. Pero lo más fascinante fue encontrar las dunas en un ambiente cero desértico, cerca de la playa.

Última parada: FINALLY SAN FRANCISCO.

CON SAN FRANCISCO FUE AMOR A PRIMERA VISTA.

Podría perderme en el corazón de San Francisco, literal. Por siempre. ¿Qué me enamoró? El estilo de vida relajado, tolerante y bohemio. Sus cafés, las calles en pendientes, los colores, la música y sus casas estilo victorianas.
La ciudad se puede recorrer de varias maneras:

  1. En bicicleta. Hay muchos negocios para alquilarlas, te las dan con mapas y candados porque durante los recorridos hay varios espacios para parquearlas. El precio es de aproximadamente 32 dólares. Nosotros decidimos usarlas desde el Fisherman Wharf, ubicado en el Pier 39, hasta el Golden Gate Bridge, uno de los puentes más altos y largos del mundo. Es un recorrido imperdible y eso sí, muy frío.
  2. Street car. Es un servicio de transporte que usa tranvías del año 1800. Nosotros lo tomamos en el centro de la ciudad hasta Lombard Street, una de las calles más famosas de S.F, el desnivel es tal que para que los carros puedan pasar, las curvas son extremadamente cerradas y en zig-zag. Lo chistoso es que los turistas nos agolpamos al final de la calle para tomar fotos y eso hace el recorrido más complicado para los conductores.
  1. Caminando. Es mejor conocer las ciudades a pie y eso hicimos. No sé exactamente por donde caminamos, pero puedo decir que valió la pena. Encontramos un grupo de músicos espectacular, disfrutamos de la arquitectura y experimentamos la ciudad.
  1. En carro, solamente lo usamos para pasar entre las nubes del Golden Gate.

Todo en San Francisco es tan encantador que, si de verdad está en su lista de lugares por visitar, por favor, pásenla al primer puesto.

¿Les ha pasado que conocen a alguien y sienten que esa persona ha hecho parte de sus vidas desde siempre? Bueno, yo conocí a Lina el día que viajé a New York en febrero del 2016. En el aeropuerto de Bogotá, sin conocernos, le prometí a su mamá que la iba a cuidar durante el viaje y compartimos solo tres días en el mismo hotel. Después ella viajó a California, ella es de esas personas que simplemente te dan la confianza de contarles todo. Entonces qué mejor manera de terminar mi viaje visitando San José con mi amiga de “toda la vida”.

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